"Parejas se comprometen con Cristo y con el uno al otro"

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Encuentre el artículo original en el link de Mennonite Mission Network


En Colombia, el conflicto armado trajo amenazas de muerte y un cuerpo muerto en frente de su puerta. En Ecuador, el estatus de refugiados y un color de piel no aceptado trajo discriminación, la pobreza trajo malnutrición.

Cristo trajo compasión y un nuevo entendimiento de compromiso.

Dos parejas- Fernando y Julia Rodríguez, y Carla y Elías García- hicieron una promesa a Dios y entre ellos el 8 de junio. Los refugiados colombianos se casaron en la Iglesia Menonita de Quito, después de 15 y 17 años de matrimonio informal.

“Las parejas saben que estar comprometidos con Cristo también debería guiarlos a estar comprometidos con cada uno como esposo y esposa,” escribió César Moya y Patricia Urueña, co-pastores de la Iglesia Menonita de Quito.

Moya y Urueña ayudaron a iniciar la Iglesia Menonita de Quito en el 2001, un año después de haber llegado a Ecuador desde Colombia a través de una consociedad entre la Red Menonita de Misión, la Iglesia Menonita de Colombia y la Conferencia Menonita de Central Plains.

Ellos facilitan el programa de atención a refugiados que provee vivienda a familias Colombianas refugiadas. Hasta el momento, el programa ha dado vivienda a 10 familias, cada una por varios meses.

La familia Rodríguez y la familia García se han beneficiado del programa de atención a refugiados.

Fernando y Julia Rodríguez, junto con sus dos hijos de 14 y 11 años, y una hija de 6 años, se movieron de Cali, Colombia. Cali tiene el más alto índice de violencia en Colombia y miembros de guerrillas eran parte de su barrio.

Un día, la familia Rodríguez se despertaron y encontraron el cuerpo de una persona muerte en frente de su casa.

“Esto tuvo un gran impacto en los niños y produjo una atmósfera de inseguridad y miedo para la familia,” escribió Moya y Urueña.

En el 2003, amenazas por parte de la guerrilla forzó que Fernando Rodríguez se fuera a Ecuador. Dos años después, Julia y los niños y niña se juntaron con él en Quito. Julio encontró trabajo como empleada doméstica y Fernando trabajó en el oriente del Ecuador como ingeniero asistente. El trabajo lo llevó lejos de la familia por varios meses.

Por su decendencia africana y nacionalidad colombiana, la familia Rodríguez también experimentó discriminación. La Iglesia Menonita de Quito tuvo una presencia de bienvenida en medio de la crisis.


“La iglesia aceptó a Julia y a su familia sin reservas,” escribieron Moya y Urueña.

A pesar la dificultad de la situación, Julia se involucró con la iglesia en muchas actividades. Ella dirigió servicios de alabanza, enseño escuela dominical a los niños y niñas y fue especialmente activa en el proyecto de Educación para la Paz en el barrio del Inca.

Cuando Fernando completó su trabajo en el oriente, los fondos de la familia Rodríguez se agotaron. No pudieron pagar arriendo y sus hijos e hija mostraron señales de malnutrición.

Durante un servicio de alabanza, ellos compartieron su situación económica con la congregación. La iglesia les proveyó vivienda en la casa de refugio del programa de atención a refugiados y así facilitó su carga económica.

Julia y luego Fernando decidieron asistir a clases de discipulado y recibieron el bautismo de creyentes. La decisión de ser seguidores de Cristo los llevó a que tuvieran el deseo de casarse después de 15 años de haber vivido juntos.

“Vivir juntos es algo muy común en América Latina, especialmente entre la gente probre… [Julia y Fernando] se dieron cuenta que ellos deberían ser ejemplo para sus hijos, dándoles un hogar establecido y bendecido por Dios,” escribieron Moya y Urueña.

Después de un año adquiriendo los documentos necesarios, Fernando y Julia se casaron en una ceremonia civil el 29 de abril, y una ceremonia religiosa el 8 de junio.

Carla y Elías García fueron la segunda pareja que se casó en la ceremonia del 8 de junio.

Los García se movieron a Ecuador hace un año y medio. En Cali, Colombia, la guerrilla los forzó a pagar un dinero mensual “con el entendimiento que sus vidas serían respetadas,” explicaron Moya y Urueña.

Los García buscaban la paz pero no la pudieron encontrar. Una noche, un grupo de guerrilleros los buscaron y les dieron 24 horas para salir del país o serían asesinados.

Carla y Elías salieron con sus tres hijas (de la edad de 12, 8, y 4 años) y su higo de 6 años a Ecuador esa noche, llevando solo su ropa sobre sus hombros.

En Ecuador, un compañero de ellos, también refugiado, los invitó al servicio en la iglesia de Quito. Ellos aceptaron y continuaron a asistir regularmente.

Carla y Elías han vivido juntos por 17 años, pero después de escuchar el evangelio, ellos decidieron casarse legalmente. La ceremonia civil ocurrió el 26 de marzo.

Al igual que la familia Rodríguez, los García sufrieron discriminación por su estado de refugiados. Sólo su hija mayor ha podido encontrar empleo estable.

La familia se moverá a Argentina con la ayuda del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Moya y Urueña dicen que es una oportunidad para que los García se reestablezcan.

Sin embargo, los García no quieren irse.

“Ellos dicen que la Iglesia Menonita de Quito es su familia y que no quieren iniciar un proceso similar a lo que ya experimentaron cuando se movieron al Ecuador,” escriben Moya y Urueña.

Siguiendo el testimonio de los Rodríguez y los García, varias parejas colombianas y ecuatorianas en la iglesia han solicitado documentos para casarse legalmente.

Escrito por Mayeken Kehr

Traducido por Daniel Moya

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